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Puntos de fuga, de Jairo Andrade: La razón dislocada o como burlar una vez más las perspectivas de la realidad



 El libro de cuentos Puntos de Fuga, del escritor Jairo Andrade, que ganó a fines del año pasado el Premio Nacional de Cuento Jorge Gaitán Durán, acaba de tener una reedición, algo insólito en el medio, tan sólo a cuatro meses desde la presentación inicial en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá, por parte de los organizadores del concurso y la Gobernación de Norte de Santander. En esta ocasión, la editorial independiente Babilona, que dirige Esteban Hincapie, ha apostado a hacer una reedición para permitir que un mayor número de lectores pueda acceder a la obra.


A continuación el prólogo que contiene la segunda edición:


La saturación de la racionalidad con su consecuente alejamiento de todo lo que es lógicamente explicable, ocurrida en el último siglo, ha llevado al ser humano occidental ha encontrar si no un por qué al menos una aproximación al entendimiento de hechos inexplicables desde cualquier racionalidad como las guerras, las masacres, la hambruna, la violencia y la injusticia. Por ello, la razón debe ser engañada a través de nuevas estratagemas pues siempre fría y calculadora es demasiada lista para caer en trampas.  La camisa de fuerza cartesiana cierra más puertas de las que abre para abocar el mundo contemporáneo. Los grandes metadiscursos sociales y políticos del siglo diecinueve y buena parte del veinte perdieron la vigencia desde hace tiempo, y en su lugar surgieron esclarecimientos irracionales, como los surrealistas, entre tantos, para enfrentar, digerir y vivir en el mundo. Hoy día, en gran parte, la sospecha se ha entronizado como medio de conocimiento, de aprehensión de la realidad. Se sospecha hasta de la sospecha, como el ouroboros, la serpiente mítica que se devora a si misma engulléndose la cola.
La literatura no ha sido, ni mucho menos, ajena a esta tendencia. Es más, ha sido una de las principales animadoras de esta dislocación de sujeto y objeto, tiempo y espacio, física y metafísica, realidad y no realidad. Kafka, Borges, Bukowski, Cortázar, por sólo mencionar un puñado, nos llevaron a enfrentarnos al absurdo, a la vida fantástica, a los mundos paralelos, a las posibilidades irracionales de los hechos, de la actividad mental y psíquica en una época donde ya nada es quimérico.
Jairo Andrade es un heredero aventajado de una tradición que se encuentra lejos de estar agotada. Los diez cuentos que reunidos en este libro, que logra ya una significativa segunda edición en menos de un año, desde cuando fue galardonado con el Premio Nacional de Cuento Jorge Gaitán Durán a fines del 2012, tienen un leitmotiv que envuelve y resuena en cada una de sus páginas: el dislocamiento de la realidad y la apertura hacia lo fantástico, lo insólito, los mundos paralelos y la discontinuidad del espacio y el tiempo, la vida y la muerte.
El último relato del libro y que da el título al volumen, sintetiza en un aparte este tema:
“…nos explicaba como lograr una impresión realista de cualquier escenario, urbano o rural, usando puntos imaginarios para crear sensación de profundidad respecto a la línea del horizonte, llamados puntos de fuga. Muy honesto, recalcaba que el punto de fuga no existe en la naturaleza. Que se trata de un truco del ojo para engañar al cerebro, conocido como perspectiva. Como fuera, al aplicarlo a mis paisajes, empecé a percibir que también el mundo se componía de infinitos trazados nunca antes vistos, que ahora se revelaban en todas partes como por arte de magia…. Con el tiempo descubrí que si me evadía por el punto de fuga que explicaba un fenómeno, podía evitarme la molestia de convivir con su explicación. Cada punto de fuga se convirtió en un paraíso. Me ponían a tal distancia de las cosas, que pronto dejaban de interesarme por completo. Estoy mucho más allá y mejor que un muerto, pensaba, porque el muerto está preso en su tumba… Pero la evasión a través de los puntos de fuga, y cada segundo me traía muchos más, me permitía estar muerto y olvidado en una tumba transitoria. mientras ejecutaba los ademanes necesarios para que todos creyeran que seguía vivo y con ellos. Mi nacimiento no era más que un error de perspectiva, que había logrado corregir gracias a las virtudes del punto de fuga.”


El punto de partida en muchos de los relatos son hechos concretos, verificables, históricos: el incendio de la Torre Avianca, la guerra del Golfo Pérsico, el atentado contra las Torres Gemelas, la insulsa tentativa de un golpe de estado por nazis colombianos a López Pumarejo. Sin embargo, esos hechos son apenas los puntos por donde los personajes aprovechan para fugarse de la realidad y poder acceder a mundos alternos, a posibilidades míticas, a experiencias inexplicables desde cualquier cinturón de la racionalidad. De allí a la aparición de zombies, albinos, muertos revividos y otros especímenes, no hay sino un paso, apenas consecuencia natural de la alucinante capacidad creativa del autor, quien es el primero en aceptar la invitación a deslizarse de manera infinita por el punto de fuga de la creación literaria, que bien vale la pena recordarlo, así sea obvio: no es otra cosa que la creación de mundos falsos, imaginarios, así sean más reales que la absurda y falsa cotidianidad en que vivimos atrapados.

Philip Potdevin

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