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El oficio de escribir visto desde adentro: Escritores en su tinta

Escritores en su tinta: Consejos y técnicas de los escritores expertos, Fernando Vásquez Rodríguez, (edición del autor), Bogotá, 2008

Este libro llamó mi atención cuando llegó a mis manos hace un par de años pues gira en torno a la pregunta esencial del oficio de la creación literaria: ¿Es posible enseñar el oficio de escribir? Y si bien hoy día es ya inútil tapar el sol con las manos ante la oleada de pregrados, maestrías y talleres de creación literaria que aparecen aquí y allá, respaldados en algunos casos por prestigiosas instituciones como la Universidad Nacional y la Universidad Central por sólo citar dos casos, el debate no está cerrado. Ya comienzan a verse numerosos casos de autores que son fruto de una formación académica: Junot Díaz, ganador del premio Pulitzer con La maravillosa vida breve de Oscar Wao es un resultado de la academia norteamericana

Soy de los que creen, al menos por ahora, que el aprender a escribir ficción correctamente es un aprendizaje solitario, un trabajo en el que cada cual se deja enseñar de unos maestros, que no son otros que los autores que más admira. Luego viene el trabajo arduo y extenso frente a la página o pantalla en blanco y después otro aún más difícil: el proceso de reescribir, corregir y pulir.

Por ello mismo, tampoco creo en la universalidad de los consejos o recomendaciones de los expertos, así sean estos unos verdaderos monstruos de la literatura. Lo que aplica a una persona no necesariamente le es útil a otra. Si a Carlos Fuentes le rinde escribir de tres de la mañana a las nueve, no por eso puede servir inferirse de allí una regla sobre los horarios para crear ficción. ¿Por qué es entonces valioso el libro del profesor Vásquez Rodríguez?

En primer lugar, porque es una sistematización juiciosa de testimonios de autores de primer nivel, quienes a través de entrevistas, cartas, diarios, memorias o confesiones han dejado su visión personal de cómo ellos escriben y perfeccionan su oficio. Es fascinante, si bien no necesariamente didáctico, ver cómo diferentes autores enfrentan su oficio: sus temores, sus cábalas, su relación de amor/odio con el texto, sus manías y sus secretos, que repito, para ellos funcionaron o funcionan. Cortázar anota que cuando corrige, sólo una vez en cien agrega algo, las otras noventa y nueve, suprime. En el mismo sentido Augusto Monterroso, parodiando el famoso aforsimo latino de nulla dies sine linea, dice: ¨anula una línea cada día¨.

Otra razón: es posible derivar de los ejemplos personales de los maestros, comunes denominadores que comienzan a destilarse como en el alambique del alquimista hasta quedar allí la quintaesencia del oficio. Aquello que casi todos coinciden como esencial para el oficio. Por supuesto que el nuevo escritor puede comprar un manual de creación literaria y encontrar allí las mismas técnicas que los autores van soltando aquí y allá en torno a una conversación, una entrevista, tan juiciosamente recogidas en este libro, pero no es lo mismo. Aquí, en las seiscientas páginas de este encomiable trabajo hay trescientos testimonios reveladores de más de doscientos autores (varios autores participan con más de cinco entradas, como García Márquez, Borges, Cortázar, Monterroso). No hay dos parecidos y ninguno es tedioso o insulso.

Un valor agregado adicional del libro, para mi tal vez el más curioso, es un índice analítico que reúne mil temas dado que en cada entrada de las trescientas, puede haber tres o más temas mencionados. Con una paciencia admirable y una técnica juiciosa, el profesor Vásquez ha encontrado un millar de temas, que luego los organiza de manera alfabética y agrupa bajo el título de Los secretos del oficio. Cito aquí unos pocos de ellos:

  • Evitar el paternalismo respecto del autor
  • Fascinarse con la experiencia de la reescritura
  • Guardar cualquier cosa que prometa en un cuaderno de notas
  • No escribir bajo el imperio de la emoción
  • Oir las palabras dentro de la cabeza al momento de empezar un libro
  • No sobreestimar lo que se ha escrito
  • Partir de jirones, impulsos o bloques que buscan una forma
  • Percibir el ambiente antes de escribir
  • Pensar mucho para escribir rápido
  • Proponer una armazón adentro del corpus
  • Regular el aliento para conseguir la armonía
  • Saber dónde acelerar y dónde frenar dentro de un ritmo que permanece constante
  • Tener una constante relación crítica con lo escrito
  • Usar los alicates más que el martillo
Y asi... son mil (!) temas que el índice va remitiendo a la entrada y autor correspondiente.

La última razón para destacar el libro es el ensayo final, Opus Tesselletum (que significa obra en mosaico o simplemente, mosaico) donde el autor propone una síntesis de todo lo dicho por los autores citados.

Este no es el primero ni único libro que recoge recomendaciones o experiencias de los grandes autores sobre  el quehacer literario. Parece más bien una constante que de tanto en tanto aparezcan estas iniciativas. Este trabajo debe ser una referencia para todo nuevo escritor que quiere adentrarse en los vericuetos del oficio. De igual modo, es un libro asombroso para el lector que sin pretensiones de creación aun así se interesa por conocer las formas y métodos de los grandes autores.

Muy recomendado.

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