Karl Kraus (1874-1936) «Concibo de buen grado que la verdadera providencia impera sobre los favoritos del público en cuanto que la cruel ignorancia tras su muerte es compensada en vida. De lo contrario, no tendría sentido todo su trajín. Posteridad y allendidad rivalizan en descuidar a los que fueron las alhajas gremiales del tiempo y del lugar. Como allí y entonces no reciben menos, sino que aquí y ahora reciben más de lo que merecen, no se puede hablar en el fondo de represalia, sino únicamente de favor. Las puertas del infierno no les están abiertas, porque se pregunta al diablo por ellos, cuando están muertos, y ni siquiera él sabe dónde se encuentran. Solo la tierra se les abrió de par en par y los soportó mientras no estuvieron maduros para la nada. Sus libros, fieles a sus cuerpos, se desmenuzan en el polvo y debieran, por tanto, si la piedad y la sanidad tuviesen voz entre nosotros, ser con ellos depositados en los féretros. A cada cual lo suyo -¿quién menciona...
Comentarios sobre literatura, el oficio de escribir y pensamiento crítico