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| Karl Kraus (1874-1936) |
«Concibo de buen grado que la verdadera providencia impera sobre
los favoritos del público en cuanto que la cruel ignorancia tras su muerte es
compensada en vida. De lo contrario, no tendría sentido todo su trajín.
Posteridad y allendidad rivalizan en descuidar a los que fueron las alhajas
gremiales del tiempo y del lugar. Como allí y entonces no reciben menos, sino
que aquí y ahora reciben más de lo que merecen, no se puede hablar en el fondo
de represalia, sino únicamente de favor. Las puertas del infierno no les están abiertas, porque se pregunta al
diablo por ellos, cuando están muertos, y ni siquiera él sabe dónde se
encuentran. Solo la tierra se les abrió de par en par y los soportó mientras no
estuvieron maduros para la nada. Sus libros, fieles a sus cuerpos, se
desmenuzan en el polvo y debieran, por tanto, si la piedad y la sanidad tuviesen
voz entre nosotros, ser con ellos depositados en los féretros. A cada cual lo
suyo -¿quién menciona en el mundo sus nombres?. Estaban en boca de todos
mientras ellos mismos mantenían abierta la suya. Las fechas son desagradecidas,
no conocen a quienes se han sacrificado por ellas; son lo bastante crueles
para ahuyentar hasta a las fechas. Es como si hubiesen pugnado ansiosamente por
el olvido. Ningún genio vive tan desconocido como un talento muerto. Lo que dejan es pura dejación,
su palabra es un verbo indeterminado. Silenciados como muertos, porque están
muertos ―ni un perro quisiera estar tan muerto como ellos―. »
Karl Kraus, "Sobre periodistas, estetas, políticos, psicólogos, estúpidos y eruditos", en Contra los periodistas y otros contras, Taurus, [2018], 2025
Kraus fue ensayista, aforista, dramaturgo y poeta. Fundador del periódico Die Fackel; maestro como pocos de la sátira.

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