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Mostrando entradas de noviembre, 2013

La alegría de leer al simpático y estimulante Cioran

Emil Cioran (1911-1995) Decir que la condición humana es compleja, incongruente e incomprensible puede ser la mayor obviedad para alguien que tenga cartas en el asunto. Afirmar que el ser humano tiene en sí mismo a su peor enemigo tampoco revela perspicacia alguna. Denostar de la divinidad cristiana por haber creado el mal en el mundo, comenzando por el mismo ser humano, ya puede ser algo que genere una mínima curiosidad. Reconocer que, en definitiva, es un inconveniente haber nacido, ya perfila una línea de pensamiento más aguda.  El mejor pensador suele ser el más incisivo, el que se atreve a decir lo que muchos hemos pensado pero no osamos manifestar por temor a ser señalado, excluido o “cancelado” como se dice hoy día. Sin embargo, nada más reconfortante para el alma que validar muchas de las sospechas que han rondado al ser humano desde que adquirió conciencia y racionalizó su condición; se trata de encontrar que no es ajena a nosotros la decepción, el desengaño —más allá de l...

Literatura y Humanismo. Enrique Santos Molano doctor Honoris Causa por la Universidad del Valle.

Bogotá noviembre 12, 2003 Discurso de recepción del doctorado Honoris Causa conferido por la Universidad del Valle a Enrique Santos Molano Casa del Valle, Bogotá Literatura y humanismo “Homo sum: humani nihil a me alienum puto. Soy hombre. Nada de lo humano me es ajeno”. El autor de ese pensamiento trascendental, con el que se da inicio a la era del humanismo, vivió en el siglo II antes de Cristo y era un esclavo romano. Publio Terencio Afer nació en Cartago como esclavo, que provenía posiblemente, de una familia bereber, comprado de meses de nacido por el senador romano Terencio Lucano. El senador lo llevó consigo a Roma y lo puso a su servicio. La extraordinaria inteligencia, las capacidades intelectuales y el talento creador del esclavo cartaginés, conmovieron al senador Terencio Lucano, que resolvió darle la libertad cuando el muchacho no había cumplido los quince años. Ya libre, adoptó el nombre de su antiguo amo y se llamó Publius Terentius Afer...