... a propósito del 24° Festival Internacional de Títeres Manuelucho
El gran
escritor del romanticismo alemán, Heinrich von Kleist, autor de la incomparable
novela Michael Kohlhaas y de narraciones estupendas como La marquesa
de O, El terremoto de Chile, La mendiga de Locarno y la tragedia
Pentiselea —sobre el combate entre la reina de las amazonas y Aquiles—,
tiene a su haber, además, un lúcido y breve ensayo Sobre el teatro de marionetas.
Allí revela en dónde radica la maravilla de las marionetas —y los
títeres, pues unos y otros comparten género; solo se diferencian en la técnica
empleada por los titiriteros—, y cómo este teatro llega incluso a ser superior
al interpretado por los hombres.
La gracia
del teatro de muñecos reside, según Kleist, en que, a diferencia del teatro
humano en donde los actores están mediados por la reflexión, la racionalidad y
la autoconciencia, los muñecos se liberan de toda afectación, rigidez y torpeza,
características propias del ser humano que limitan una interpretación espontánea
y grácil para desplazarse y volar sobre el escenario con una ingravidez
maravillosa.
La “gracia”,
entendida como belleza pura, fluida y armónica en movimiento, existe de manera
natural en los muñecos mas no en nosotros. La gracia pura solo existe, por consiguiente,
en los dos extremos del conocimiento: en los muñecos, que carecen en absoluto
de conciencia y en Dios, que posee la conciencia infinita, mientras que los
seres humanos están atrapados en un doloroso punto intermedio, con suficiente conciencia
para perder el instinto natural pero no la suficiente para alcanzar la perfección
divina.
Para
recuperar entonces, la inocencia perdida tras la expulsión del Paraíso puntualiza
Kleist, es necesario volver a comer del Árbol del Conocimiento, «el último capítulo
de la historia del mundo»; la única forma de recuperar la gracia no es retroceder
a la ignorancia animal sino llevar el conocimiento humano al infinito,
absoluto, en donde es posible conectar los extremos, aquel lugar donde la inocencia
original se encuentra con la conciencia divina.
Dicho lo
anterior, nada mejor, en estos tiempos que disfrutar de la gracia que ofrece el
teatro de muñecos, y para ello, disfrutar en Bogotá, durante este mes de
octubre, del 24° Festival Internacional de Títeres Manuelucho con excelentes grupos
de España, Argentina, Perú, Taiwán y de diversas regiones de Colombia. Además
de casi treinta representaciones, hay talleres de la Escuela de Títeres Manuelucho
así como conferencias y clases magistrales, paneles temáticos, exposiciones y un
homenaje por los 90 años del Teatro el Parque y a su emblemática directora
Beatriz Caballero Holguíon.
El festival
es organizado por el Teatro La Libélula Dorada y, como expresa su director:
«Esperamos que muchos adultos cómplices de este bello y loable esfuerzo conviden
y permitan que la cosecha de estos ricos frutos sean deleitados con profunda
avidez por todos los infantes deseosos y sedientos de la magia siempre seductora
de los títeres y sus diversas formas animadas e imágenes sublimes que sin duda
alguna conquistarán sus sueños, su alegría y su alma».
¡Qué mejores
razones para darse un festín de la gracia del teatro de títeres con esta ofertas
maravillosa del 24° Festival Internacional de Títeres en Bogotá!

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