Emil Cioran (1911-1995) Decir que la condición humana es compleja, incongruente e incomprensible puede ser la mayor obviedad para alguien que tenga cartas en el asunto. Afirmar que el ser humano tiene en sí mismo a su peor enemigo tampoco revela perspicacia alguna. Denostar de la divinidad cristiana por haber creado el mal en el mundo, comenzando por el mismo ser humano, ya puede ser algo que genere una mínima curiosidad. Reconocer que, en definitiva, es un inconveniente haber nacido, ya perfila una línea de pensamiento más aguda. El mejor pensador suele ser el más incisivo, el que se atreve a decir lo que muchos hemos pensado pero no osamos manifestar por temor a ser señalado, excluido o “cancelado” como se dice hoy día. Sin embargo, nada más reconfortante para el alma que validar muchas de las sospechas que han rondado al ser humano desde que adquirió conciencia y racionalizó su condición; se trata de encontrar que no es ajena a nosotros la decepción, el desengaño —más allá de l...

Un fantasma recorre las calles del alma
Fantasma amargo llamado desconfianza
Aléjate que me alejo
No me abraces
No respires mi aire
Que tus ojos no rocen los dedos de mi miedo.
¿De qué maldición sembraron el vergel de la esperanza?
¿Cuál el himno que baten las campanas de la dominación?
Yo solo vine a ver el jardín
Espiarlo por encima del muro que levantaron una noche
Saciarme de fulgores:
alcatraces, begonias, catleyas y durantas
Antes de tornar al confinamiento obligatorio.
¡Solo vinimos a ver el jardín!
Apiñados todos
Libertarios
Hombro a hombro
Codo a codo
Rostro a rostro
¿Adónde me llevan?
¿Qué delito cometí?
Yo solo vine a ver el jardín.
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